martes, abril 03, 2007

Naciones, estados y culturas, de Will Kymlicka

Will Kymlicka es un filósofo canadiense que fue invitado por la Universidad de Amsterdam para impartir las prestigiosas Conferencias Spinoza. Estados, naciones y culturas no es más que la recolección de estas, que resultan ser un buen resumen de su filosofía política. Pues venga, vamos a darle caña:

El objeto de las investigaciones de Kymlicka es, principalmente, la integración de una cultura minoritaria en el Estado. Son dos las variantes de este problema inicial que estudia Kymlicka: el primero es el caso de una nación minoritaria dentro de un Estado multinacional (como Quebec en Canadá, al que el autor se refiere constantemente, o Cataluña y Euskadi en España); el segundo es el problema de la inmigración, omnipresente en el Primer Mundo a día de hoy. En ambos problemas estoy profundamente en desacuerdo con él.

Antes de empezar a razonar mi disconformidad con Kymlicka querría hacer un apunte sobre la definición de liberalismo: ¿exactamente cuándo deja de poder considerarse a una teoría como "liberal"? En Europa, el liberalismo se ve invadido por la derecha, que proclaman la necesidad de proteger a la familia tradicional frente a los homosexuales, mientras que no dudan en proclamarse liberales; en Estados Unidos, el liberalismo se identifica con la izquierda, con la política de Johnson y McGovern, asumiendo como símbolos elementos tan a priori extraños para el liberalismo clásico como la discriminación positiva. Es importante recordar que el liberalismo tiene como principio básico la defensa de la libertad individual: Kymlicka lo sabe. Sin embargo, Kymlicka va a intentar hacer una pirueta para ligar el liberalismo clásico tanto a los individuos como a las culturas; semejante engendro les gustará a los hegelianos: no a la gente de bien.

Kymlicka estructura su nacionalismo liberal en torno a dos puntos:

·El Estado no puede ser culturalmente neutral, por lo tanto, es imposible que el Estado intente adoptar una postura como la que adopta en cuanto a la religión: un Estado supuestamente neutral acabará favoreciendo a la cultura mayoritaria, como por ejemplo en la lengua utilizada para las gestiones administrativas.

·El individuo para desarrollar su libertad, necesita a su cultura societal, por ello el Estado, para defender la libertad individual, debe defender las diferentes culturas societales existentes.

Con el primero estoy más o menos de acuerdo. Sin embargo, habría que añadir que el Estado tampoco es neutral en cuanto a las religiones: los dias festivos a nivel estatal, por ejemplo, vienen heredados de costumbres religiosas. Hablaré más de esto cuando critique la solución de Kymlicka para la inmigración.

En cuanto al segundo, me parece obvio que es inaplicable a los nacionalismos a los que Kymlicka se refiere constantemente -Quebec y Cataluña-. Resulta muy discutible que un individuo necesite de su cultura societal para desarrollarse: máxime cuando la mayor parte de culturas que han adoptado la democracia liberal tienen muchos parecidos culturales; el problema que plantea Kymlicka es en cuanto al idioma: el problema es que, con los medios de comunicación actuales, es evidente que en todo el Estado la enorme mayoría de la población podrá hablar el idioma mayoritario del Estado a nivel nativo, o casi; la dificultad para desarrollarse que plantea Kymlicka hubiera tenido sentido en el siglo XIX, en el cual los niños tenían como única fuente a sus padres y entorno, pero hoy en día, en el que los niños ven la televisión, leen, etcétera en los idiomas del estado, en el que por supuesto, el mayoritario es el más usado, es improbable que se de el problema que plantea Kymlicka. De hecho, los mismos nacionalistas afirman luchar principalmente para que su idioma no se pierda en un futuro, no porque ellos no puedan ser verdaderamente libres en la sociedad en la que viven; además, buena parte de sus campañas son prácticamente simbólicas: por ejemplo, traducir las etiquetas de los productos al idioma minoritario.

Además, incluso aceptando que la libertad individual debe preservarse mediante la defensa de la cultura societal, esto haría necesario dar competencias sobre la lengua y otras cuestiones al gobierno del territorio donde existe la cultura minoritaria, pero, evidentemente esto está muy alejado de las reivindicaciones de los nacionalistas: siendo uno de los temas más importantes, no se limitan a pedir autonomía para defender su cultura societal, sino que desean tener competencias a niveles tan poco "culturales" como infraestructuras o economía. Obvio es, pues, que la defensa de la libertad individual a través de la cultura del individuo no es el motor que les mueve.

El problema de Kymlicka viene de intentar racionalizar algo que no lo es: el nacionalismo. Es posible que exista algun nacionalista que tan sólo quiere defender su cultura -y aún así no estariamos de acuerdo con la argumentación que hace el filósofo canadiense-, pero, en la aplastante mayoría de los casos, las reivindicaciones de los nacionalistas no se limitan a eso, sino a una, a priori irracional, ya que está basada en argumentos identitarios, mayor autonomía en todos los ámbitos. Por supuesto, algo irracional no tiene porque ser malo. Por ejemplo, el nacionalismo periférico puede llevar al Estado a descentralizarse, mejorando así la atención que se presta a los ciudadanos que residen lejos de la capital. Sin embargo, esto no significa que el nacionalismo sea bueno: igual que puede tener consecuencias positivas, puede tener consecuencias negativas.

Hablemos pues del segundo tema que trata Kymlicka: las políticas a aplicar sobre la inmigración. Kymlicka dice que el Estado debe permitir y favorecer la existencia de otras culturas, siempre teniendo en cuenta la siguiente máxima: Los individuos deben ser libres dentro de su propia cultura societal, y debe haber igualdad entre culturas societales: esto es, una cultura societal no puede atacar la libertad individual de un individuo -todos tenemos en mente el ejemplo de las mujeres en ciertas culturas- y un individuo no puede verse favorecido por el estado por pertenecer a una determinada cultura societal. Aún estando de acuerdo con su argumentación, me parece que los ejemplos que utiliza violan muy claramente la libertad individual. Por ejemplo, Kymlicka habla de permitir trabajar a obreros que no quieren ponerse el casco por motivos religiosos (!!!) o dejar abrir en los domingos a los comercios regentados por individuos que tengan su día de descanso religioso en un día diferente, como por ejemplo los judíos. En el ambos casos, algo así daría una ventaja económica a los miembros de la susodicha cultura societal inmigrada, lo que rompería uno de los dos principios que el propio Kymlicka ha enunciado.

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